Cuando tenía cierto trato semanal con la persona que fue mi última ilusión, de repente aparecía en sitios que ella no me esperaba y era todo un espectáculo verla: se ponía super nerviosa, me saludaba, no paraba de hablar, hablaba con otra gente y por la noche, yo la escribía un correo y ella, me respondía super cariñosa: ahora, todo eso, es imposible.
Pero, como sé que ella es una persona de rutinas y costumbres, intuía que, el otro día acudiría a un sitio, con su ser menor, ya que es su último año y suponía que quería que, tanto ella como su ser menor disfrutara de ese "último baile".
Con esa premisa, me preparé para ir hasta donde fui tanto miércoles con dos objetivos: ver a un amigo en una tienda y pasar por donde se suponía que podría estar ella, pero, si es posible, sin que me viera ni supiera nada.
Y eso hice: prepararme, hacer lo que más me gusta , y mientras iba, pensaba en no encontrarme con nadie, sobre todo para no dar explicaciones. En una de las calles "vive y tiene el trabajo un primo" que, casualmente, según iba a pasar, se metió en su casa y ya no me vio.
Poco tiempo después llegaba hasta la tienda del amigo, cerrada, vi el horario y entendí que aún no era esa hora. Proseguí mi deporte, hasta pasar por donde en algún momento estuve y podría estar ella, con su ser menor y más gente: vi castillos hinchables, juegos...niños algo lejos y pasé de largo...seguí mi camino.
Unas cuántas horas después, mi pálpito se hacia realidad al ver una foto de su ser menor en ese lugar, supongo que casi al finalizar el evento lúdico, ella feliz, la mamá, también...y ni una ni otra sabrás que yo estuve por allí, porque, básicamente, ambos estamos en otro momento y el silencio hace que "ni pregunte, ni diga nada", como hice hoy, hacer mi deporte y no preocuparme de nada más...